Jack Kerouac´s Mexico City Blues. 9o. Coro

Traducir a Jack Kerouac es simplemente imposible. Se puede intentar hacerle versiones, y como he dicho aquí, eso es lo que intento. Una vez un poeta mexicano, maestro mío, me habló acerca de la imposibilidad de la traducción de obras literarias. Primero que nada está la barrera lingüística, a veces imposible de cruzar sin pérdidas esenciales. Pero suponiendo que se pueda hacer una digna y exacta traducción, también queda el pequeño obstáculo de las ideas, que en muchas ocasiones están presentes en una cultura, pero no en otra. ¿Es entonces válido traducir la obra de alguien? La respuesta es sí, al menos para mi. Don Luis Alveláis Pozos llamaba a esa posibilidad “hacer versiones”, en las que todo es válido. Al hacer versiones de la obra de alguien más, nada impide poner algo de nuestra cosecha, hacer interpretación y utilizar construcciones lingüísticas que tal vez el autor original rechazaría, pero que resultan imprescindibles para la comprensión del texto en otro contexto cultural. Otra maestra excelente me dijo un día que “Un texto sin su contexto, es puro pretexto”.

Por otro lado, Jack Kerouac, mi otro maestro sin saberlo, está muerto. No veo cómo podría quejarse de mis desvaríos criminales.

Haz como yo y enciende la música en tu memoria. Ahí todos guardamos un blues, o algo parecido, que nos ayuda en los viajes sin conciencia…

9o. Coro

Todos tomamos un atajo
A través del Valle de la Muerte
Las Montañas volcánicas
Y el Hielo-Lagartija
Y el Piojo de Arena
– Perros Lhasas de Weedblack,
Filtros mágicos de Cock Rock –
Redwoods tan enorme
suben pases por Dios –
Los Ángeles Gigantes
En el Cielo Azul de Washington D.C.
– – Las Heroínas de la Catedral
Cultivan México –
Comentan acerca de las Grandes Ciudades
del Mundo,
La Maravilla Azul de New Orleans
(tierra de pantanos)

Ingers ha hecho ventanas
con Australia penal también
– peras Attantisatasa
la Esencial Central
Indy, Portugal
c  o  i  t  o

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Jack Kerouac´s Mexico City Blues. 8o. Coro

Geografías lejanas y Senos jugosos. Ríos rítmicos, eternos… y antiguos mares. En su éxtasis, Jack Kerouac los vio pasar tal vez ante sus ojos en pleno Corazón de la Ciudad de México. O quizás sólo los imaginó, pero al hacerlo, nos regaló sus imágenes. Imaginar es precisamente eso: Crear imágenes. Y la poesía consiste entonces en poner por escrito esas imágenes para que otros puedan a su vez imaginarlas, haciendo de la experiencia una espiral infinita.

Escuchemos a Bunk Johnson, con Sister Kate, para acompañar el 8o. Coro de Mexico City Blues

8o. Coro

Misteriosos Ríos Rojos del Norte –
Obi Ubang African Montanas
de las desérticas tierras de Peary
Lagos de Luz – Viejos Mares –
Río Mississippi, Chicago,
Los Grandes Lagos –
Los Pequeños Ríos como Indiana,
Los Grandes
Como el Amazonas
Joliet voló.
Alma, el Río del amor nevado
–    Amida, de la más Brillante
y Perfecta
Compasión

El Tamiyani se arrastra
a través de los Everglades

Ai la ra la
la rai la ra –

Senos femeninos que cantan
reciben de la tierra
Ríos Jugosos – Tierra Roja

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Jack Kerouac´s Mexico City Blues. 7o. Coro

¿Pensamientos apocalípticos, acaso? ¿Qué estaría escuchando Jack al escribir éste, su séptimo coro, lleno de destrucción? Probablemente ni él sería capaz de recordarlo, pues una especie de común denominador de los beatniks era su manera totalmente automática de escribir, que sin duda tenía algo de poco consciente. El profeta beat Allen Ginsberg ilustra este comportamiento, siempre acompañado de sustancias alterantes, en su poema Aullido, al referirse a la experiencia de Kerouac y Burroughs en la ciudad de los volcanes:

“Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas histéricas desnudas…que escribieron frenéticos toda la noche balanceándose y rodando sobre sublimes encantamientos que en el amarillo amanecer eran estrofas incoherentes…”

Pero no cabe duda que la Destrucción planteada en este 7o. coro no es definitiva. Jack, buen budista y por tanto admirador del caos reformador, nota que quien en su poema destruye, también es un hacedor: un artista. Es así como Buda, el iluminado, se refiere a si mismo: Tathagata, palabra cuyo significado literal es el que así ha venido o llegado. Las deidades orientales tienen ambas facetas, creadoras y destructoras, como parte de su naturaleza. Un buen ejemplo de esto es Kālī, diosa hindú que apareció por primera vez en el Rig Veda, no como diosa, sino como una de las siete lenguas de Agni, el dios del fuego. Kālī, también conocida como Kalika, es una diosa asociada a muerte y a la destrucción, pero a pesar de sus connotaciones negativas, hoy se le considera la diosa del tiempo y del cambio: la vida y la muerte.

Quizás Jack estaba experimentando un Satori al momento de escribir, asomado a la estructura del caos. Escuchemos, para acompañar,  a ese otro dios del Blues y el Jazz, B.B. King, en el Ralph Gleason’s Jazz Casual, 1968.


7o. Coro

Él, que es Libre de Concepciones Arbitrarias
del Ser o No-Ser

El Genio del Elefante

El Destructor de los Entrenadores de Elefantes
por Muerte

El Destructor de Elefantes por Muerte
El Destructor de la Muerte
El Destructor y Exterminador
De la Muerte

Exterminador del Ser y del No-Ser
Tathagata
El Maestro de la Esencia
El Útero
El Manifestador
Esencia hecha por el Hombre
Hombre hecho por la Esencia
El Hacedor de Luz
El Destructor de Luz

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Esperanza en medio de la Pandemia

Vaya días Apocalípticos, o si quieren Armagedónicos, vive nuestra Ciudad de México. Las calles, usualmente llenas y delirantes, se nos entregan desiertas y silenciosas, temerosamente habitadas por seres que han abandonado sus identidades para esconderse detrás de un inútil cubrebocas. Inútil, sí, porque hasta el virus más gordo se colaría entre sus fibras; inútil porque ni siquiera se ha podido probar que el dichoso microorganismo se contagie por vía aérea. Es simplemente lo que se les ha pedido a todos, y es así como la gente ha respondido: como corderos, sin objetar nada, experimentando un temor que sin duda tiene algo de irracional, frente a la ínfima información que brindan las autoridades. Estas se han dedicado a dar recomendaciones y a aumentar paulatinamente las cifras de muertos por la Influenza, mas no a detallar cosas que, al menos yo, quisiera saber. Es mi deber preguntarme, dado que he enfrentado cosas semejantes en el pasado, ¿Dónde están los muertos que tanto se cacarean? En otros tiempos, hace días que los habríamos visto en portadas de periódicos como “Alarma” o “La Prensa”. También han faltado las imágenes de los deudos en la televisión, testimoniando la desgracia de su pérdida, pero nada. No contamos con una lista oficial de muertitos ni enfermos, sino sólo un número creciente. Pero ¿Dónde están estos enfermos exactamente? Hay gente dada de alta, pero ¿Y sus nombres? ¿Y sus testimonios? Nada. ¿Dónde murieron los que no tuvieron suerte o fueron negligentes? ¿En qué hospital? ¿Dónde están los partes médicos que suele exigir la prensa, los informes oficiales?. El Presidente sale en la tele y dice que “es una enfermedad fuerte, pero afortunadamente se cura”, y el mismo día el periódico El País publica que, si uno va al hospital al sentir los primeros síntomas, “puede que se salve”. Total, que esto es un desgarriate.

El problema con esta desinformación informada, como he dado en llamarla, es que desafortunadamente los mexicanos estamos bastante acostumbrados a ella. Se le usa como método común de encubrimiento. Ahora a mi no me importa si la Influenza es real o no, sino con qué coños me van a salir cuando ésta termine. Sí, son comunes devaluaciones, aumentos en la inflación y hasta cambios de paridad o de moneda. También detrás de estas cosas suelen venir aprobaciones de leyes, y peor aún, se rumora, una suspensión de las garantías individuales, “como lo establece la Constitución en caso de emergencia nacional”. Lo malo de que no nos digan la verdad, o al menos una verdad más creíble, es que uno puede imaginar lo que sea por estúpido que parezca, con la desgracia de que en México se corre siempre el peligro de acertar. Bien lo decía el bienamado André Bretón: el nuestro es un país Surrealista.

Como no me dicen nada claro, y lo único que me piden es usar cubrebocas, no saludar a nadie de beso o manita, lavarme las manos hasta que se me vean los huesos y no salir a la calle para nada, me ha dado por sentirme un poco medieval y buscar ayuda, de nuevo, en los inefables Santos. No me costó mucho, porque también me era familiar la situación. Como Historiador sé que la Ciudad ha pasado por innumerables episodios epidémicos de influenza (no era ésta porcina de hoy, en la que esos pobres animales son auténticos cerdos expiatorios), Tabardillo, Sarampión o Matlazáhuatl, Fiebre amarilla y Viruela Negra. Incluso una de esas calamidades nos arrebató a Sor Juana Inés de la Cruz en 1695, y frente a esa irreparable pérdida uno debe preguntarse por qué Dios es tan injusto y no se lleva hoy mismo a Onésimo Cepeda, Elba Esther Gordillo o al buen Arzobispo Primado Norberto Rivera Carrera, que tanto bien le han hecho a la pederastia y a las arcas de la iglesia que representan.

Pero me estoy desviando. El santo que requerimos en este momento, de acuerdo a todos mis manuales de hagiografía, almanaques y el Año Cristiano, es sin duda San Sebastián, patrón contra las epidemias. El patronazgo de este santo resulta en verdad curioso, porque según su historia sufrió mucho antes de morir, pero no debido a las enfermedades epidémicas. Resulta que el buen Sebastián era un soldado romano que se había cristianizado, pero que por desgracia solía participar en las persecuciones contra sus hermanos en la Fe. Como en más de una ocasión les dio el pitazo, o de plano ayudó a escapar a algún cristiano, su general mandó aprehenderlo y castigarlo con la muerte. Fue entonces cuando, amarrado a un árbol y semidesnudo, el cuerpo de Sebastián fue asaeteado (flechado) por sus compañeros soldados hasta dejarlo inerme.

Pero grande es la gracia de Dios, que no quiso que su hijo muriera tan ominosamente; la viuda de otro santo recientemente ajusticiado pasó junto a su cuerpo sangrante y descubrió que Sebastián aún respiraba, por lo que cartitativamente lo llevó hasta su casa  y le curó, hasta que le volvió la salud. Uno creería que la historia de Sebastián terminaría ahí, pero se equivocaría, pues algo de necio tenía aquel iluminado. Tan pronto se sintió mejor de sus heridas, se presentó de nuevo frente a su ex-general y trató de convencerlo de que se convirtiera a Cristo y dejara de perseguirlo. El General, si bien no creía lo que veía, no se sintió ni un poco conmovido, y aprehendiéndolo de nuevo, mandó que Sebastián fuera apaleado y decapitado. De esa sí no se salvó aquel hombre próximo a ser santo; su cuerpo sin vida fue lanzado a una cloaca, de donde fue rescatado por los cristianos, y posteriormente sepultado con honores.

¿Por qué San Sebastián es el Santo adecuado para combatir las epidemias? Es simple. En la Edad Media, cuando más se acudió a él, su supervivencia al asaetamiento fue relacionaba con la imagen que la gente común tenía del origen de las enfermedades. Si uno echa una mirada a la pintura medieval, hallará que en el cielo se representaba a los ángeles asomados a la tierra, y siguiendo las órdenes de un Dios encolerizado con la humanidad, flechan personas, sin hacer distinción alguna. Abajo, abatidos por las saetas que causaban la peste (recordemos también que Cupido flechaba a sus víctimas), hombres, mujeres y niños caen en las calles, donde los cuerpos de otros miles más arden en piras o son trasladados en carretas repletas de cadáveres.

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Sebastián fue ejemplo de cómo Dios puede salvar a alguien de las enfermedades que él mismo envía, causadas como hemos visto por esas flechas simbólicas venidas del cielo. Es por ello a él es a quien se le debe rezar en momentos como estos, bajo la amenaza de la influenza. Curiosamente, San Sebastián es también patrono de los trabajadores del Alcantarillado, quienes de seguro serán los más sanos de esta Ciudad amenazada. Vaya suerte que tienen los que no se bañan.


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La incomodidad de llorar

Esa cosa que parece un diario fue hace mucho tiempo inundado por algo que bien pudo ser un diluvio de palabras. Dentro de esas páginas podría existir —tal vez sólo estar atrapado— un torrente de calamidades innombrables a la espera de ser descubiertas para obtener la liberación. Cada palabra solitaria, aunque no lo diga, parece guardar un terremoto. Las pocas veces que alguien pudo asomarse al contenido de ese cuaderno lleno de dibujos y letras apretadas lo que descubrió fue a una mujer a la que un diccionario que la explicara no le vendría nada mal. Había allí, al lado de un rostro mortificado que no lamenta tener los labios cosidos, algunos ángeles que a esas alturas habían perdido sus rasgos faciales y eran como libélulas sin alas habitando ardientes habitaciones, rojas y clausuradas.

La mujer se pregunta en alguna de esas páginas por qué la gente se empeña tanto en que los demás no lloren, como si fueran dueños de la tristeza que a veces nos causa lágrimas o como si tuvieran la capacidad de minimizarla. Tal vez por eso, escribe ella, buscamos lugares aislados para llorar, aunque ni en ellos estemos a salvo de almas caritativas que fluyen alrededor, ávidas de brindar ese consuelo que ellas mismas no gozan. Las lágrimas solitarias, se convence a si misma la mujer en una hoja suelta que podría perderse en cualquier momento, no existen. Las lágrimas son como las lluvias que sólo atraen más y más humedad. Llorar a solas siempre atrae miradas y una serie de acercamientos verbales sumamente predecibles que pretenden hacernos ver lo inútil de las lágrimas vertidas, sea cual fuere su razón, si existe en cambio al menos un motivo para la sonrisa. Cuando alguien nos pide no llorar, reflexiona la mujer, lo último que busca es aliviar ese dolor que no le pertenece. Si alguien enjuga lágrimas ajenas y recomienda no  eguir derramándolas es en gran parte porque teme ser contagiado, conmovido, y sin remedio llorar también de tristeza. Ver que alguien llore es un buen motivo para erradicar la pena antes de que acabe con nosotros. Por tanto no pido, ordena de forma tajante la mujer con palabras de letras resaltadas, que alguien detenga mis lágrimas ni ponga obstáculo alguno a mis cataclismos. Una vasija de Pandora, una vasija suya, qué más da el nombre, está por encima de todo llena de palabras catastróficas causantes de tempestades, temblores submarinos y olas de furia tan salada como las lágrimas. A esa destrucción prevista ni siquiera Dios podría encontrarle escape, pues quizás haya muerto ahogado hace siglos sin memoria.

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Acerca de las Lágrimas y los Mares

Una conclusión lógica quizás nada tenga que ver con la verdad, pero sí con la paz en esta tempestad. Hablar de lágrimas y mares. Pienso que lo he hecho antes, sólo que no lo recuerdo. He dicho cosas acerca de los mares en la Luna y he hablado hasta el hastío de los mares terrestres. Si fueran una barrera, ¿Por qué hay quien los cruza? Si son un abismo, ¿Por qué hay quien los sobrevuela? Los mares son uniones entre tierras y almas. Entre orillas y pensamientos. Estos dos mares que ahora se precipitan en mi cabeza saben a algo que no consigo descifrar. Pero son innegables. Tan innegables como este tercero del que parezco un descubridor. Este que a pedazos diminutos se desborda por estos dos agujeros de carne que consideraban haber visto casi todo. Hoy se ahogan aunque trato de salvarlos. Las lágrimas son difíciles de reprimir, y me pregunto si hay que hacerlo. Si los ojos fueran la prisión de las lágrimas ¿Cómo hacen para salir de todos modos? ¿Qué clase de seguridad reina en ellos? No lo son. Los ojos, como los mares, son espejos salados de la tristeza. Viven por si mismos, se manejan solos con una voluntad que nos sobrepasa. Nos avisan de cosas que no pudimos prever, nos hablan de tiempos que o no nos ha correspondido vivir o que guardamos en lagunas secretas, inhóspitas e inaccesibles de la memoria. Tal vez hasta lloro dormido. Cuando no me doy cuenta o no me puedo reprochar, por no recordarlo. Las almohadas del mundo son represas para millones de mares profundos y salados. Mares que nadie verá, que nadie extrañará. No quedará de ellos ni la huella, como pudo suceder en la Luna, donde incluso hay uno llamado Tranquilidad.

Nuestros mares guardados son como tierras aún por ser descubiertas.

Puede que sean también la paz, una paz tempestuosa e inmensa. Abrirles las compuertas representa desahogo. Podemos secarnos llorando, pero entonces no seremos más que desiertos. Arena y piedras, nuevos precipicios, llanuras que agotan el poder de la mirada. En el polvo se revuelcan sin esperanza millones de pensamientos a la espera de una nueva inundación, y antes del siguiente desagüe. Lloro para no ahogarme, pero estas lágrimas están lejos de agotar sus fuentes. Lloro en silencio y en soledad, como tratando de ahorrarme algo. Como si la creación de mares fuera una vergüenza, una lástima. De estos tres mares sólo a uno le veo orilla. Las otras, en los confines del mundo, sólo puedo imaginarlas. Hacia ellas fluyen ríos eternos y sin respuesta, pacíficos, turbulentos. Fluir parece ser su destino. Somos mares que terminarán mezclándose en un tiempo que nadie puede calcular. Somos venas abiertas de las que brotan nuevas sales. Mares rojos como los de una Luna temprana y polvorienta. Cosas que uno dice sin sentido y que simplemente se desparraman, ajenas al control. Las lágrimas como las palabras viven efímeramente y son el tiempo y la distancia lo que se encarga de volverlas al cauce.

¿Quién habrá llorado los mares? Alguien que no supo calcular, que no pudo evitarlo. Quizás intuyó la desgracia de millones. Tal vez solamente la de dos, que lloran tratando de sobrevivir, uno en cada lado de tres mares.

Soñé ser un dios, pero no de esta manera.

(Fragmento de Cartas a Ti y a Nadie)

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Jack Kerouac´s Mexico City Blues. 6o. Coro

Basura, dicen. Junk. El misterio de estos versos parece yacer en la aceptación de la existencia de la no-existencia, del Ser que Es, mas no es el Universal. Jack se aparece en el 6o. Coro en forma mística, evocando la problemática budista del Ser y evadiendo las críticas que lo tachan, como a sus otros compañeros beatniks, de holgazán. Las preocupaciones del poeta están más allá de este lugar material.

Esta vez no hay Jazz, sino melancolía. Junk, de Paul McCartney, 1970. Una delicia que seguro nació de un sentimiento blues. El ser humano no debe ser siempre feliz, o lo habrá perdido todo.

6o. Coro

El pensamiento está suspendido

El Secreto Brillo de Luna de Buda – es
la antigua virtud de yacer
y pensar feliz y confortablemente
pensamientos – Estos, que la moderna sociedad
ha marcado como “de holgazanes”, están
disponibles ahora para la gente
aparentemente sólo como basura

Uno depende de la existencia del otro
el uno-mismo, y no así el Uno Solo Universal
existe – no uno-mismo, no otro uno-mismo,
no innumerables seres, no
Uno-ser Universal y no ideas
que relaten la existencia de su no-existencia

El más Grande, Quien ha Sepultado
en el Confort a Innumerables Seres

El Gentil
El Maestro en el Arte de la Amabilidad
El Maestro de la Sabiduría
El Gran Hombre-transbordador
El Gran Vehículo del Ser

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Naveguemos seguros y con santidad en la Web

No cabe duda que la vida está llena de sorpresas. Hace apenas unos días, preocupado seriamente por mis malos usos de la red, que me llevaban hasta los más profundos y sórdidos infiernos de la depravación (y que peor aún, que tanto disfrutaba como el gran pecador cínico que soy) llegó a mi vida la Luz. Esto sucedió al abrir, por mera casualidad, un libro de Hagiografías de esos que colecciono y disfruto cada que puedo. Las Hagiografías son vidas de santos y personas ejemplares contadas a veces con gran lujo de detalle. El género Hagiográfico (del griego Agios, santo, y graphos, escritura) fue muy influyente entre los escritores cristianos medievales, quienes los utilizaban también como exempla para lograr una más adecuada evangelización de los pobres y los neófitos. A pesar de lo que uno pudiera llegar a creer, el género goza aún de mucha popularidad; me inclino a pensar que la razón por la que esto sucede es que, francamente, las historias de vida de los santos y los pobres mártires son en verdad muy, pero muy divertidas.

Santas y santos quemados, ahorcados, desollados, decapitados, hervidos en agua o aceite, violados, desmembrados y torturados de mil y un espantosas maneras, siempre salen avante y victoriosos en las hagiografías. A una santa, por ejemplo, le arrancaron los ojos para que no se sintiera tan hermosa, pero ¡Plop! le volvieron a salir para gloria de Dios; otro santo reclama desde la parrilla donde lo asan vivo que ya le den vuelta, porque uno de sus lados aún está crudo… otro más hierve en un perol y tiene aún las fuerzas para decirle a su torturador que el agua está fría, por lo cual el verdugo mete la mano a la olla y se quema horriblemente…

Y yo, pecador irredento, preguntándome cuál de todos los santos disponibles podría ayudarme a no sucumbir a las infinitas tentaciones gratuitas de la red de redes, di con San Isidoro de Sevilla, Patrón de la Sana y Santa navegación en Internet. Cuando conocí tal patronazgo, lo confieso, mi corazón dio un vuelco percibiendo un leve resplandor de su esperanza supuestamente apagada y perdida. San Isidoro fue un gran sabio del sigo VI que cultivó un saber enciclopédico y escribió infinidad de obras útiles entre las que se pueden contar diccionarios etimológicos, tratados astronómicos, teológicos, eclesiásticos y biografías. De él se dice que “su facilidad de palabra era tan admirable que las multitudes acudían de todas partes a escucharle, y quedaban maravillados de su sabiduría y del gran bien que se obtenía al escuchar sus enseñanzas”, por lo que sus libros fueron una referencia obligada a lo largo de toda la Edad Media. Su vasta obra fue escrita utilizando notablemente la crítica,  pero en ella asoma con mayor fuerza su profundo celo religioso. Quienes lo leyeron percibían que aquellos conocimientos infintitos, enmarcados en la Fe, eran seguros.

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Esa es la razón por la que San Isidoro de Sevilla es el Patrón de la Sana y Santa navegación en Internet. En estos tiempos modernos y apocalípticos en los que Satanás aguarda paciente por nosotros en cada recoveco del laberinto del mundo, incluso en un no-lugar como la enciclopédica Internet, es necesario contar con la asistencia espiritual de alguien tan notable como San Isidoro, a quien sin ningún temor podemos encomendar nuestro diario trajinar -y el de nuestros hijos- por la peligrosa Web. Con la ayuda de este buen santo, y la de Dios, desde luego, ¿qué necesidad tenemos de software anti-spy o filtros de contenido para niños? ¿Para qué supervisar, si tenemos a este venerable protector de la navegación, el perfil de Hi-5 y Facebook de nuestros vástagos, tratando de evitar la intromisión de secuestradores, traficantes de cuerpos y pervertidores?

¡Todas cosas superfluas e insignificantes! ¡Basta con la Fe!

San Isidoro evitará eficientemente todos nuestros problemas cibernéticos y nos permitirá surfear en la Web con seguridad, y sobre todo, sin tentaciones. ¡Bendito seas, San Isidoro, por alejar de mi la pornografía y el flirteo! ¡Gracias, Señor, por cuidar de mi hasta en los no-lugares, bajo la protección de un hijo tuyo tan ejemplar, liberándome de mis opresores, los vendedores de software de seguridad!

¡Amén!

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Fuente: Craughwell, Thomas J. Santos para cada ocasión, Stampley Enterprices, EUA, 2003, págs. 366 y ss.

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Jack Kerouac´s Mexico City Blues. 5o. Coro

En mitad de ese Jam Session nocturno, Jack recuerda a sus más queridos amigos Beatniks. Es probable que el mismo Burroughs esté ahí, con él, en el piso de la calle de Orizaba. Allen Ginsberg, el poeta de Aullido, también está presente por obra y magia de las palabras, inocentemente caóticas, que fluyen en el papel. Fue él quien nombrara alguna vez  a Gregory Nunzio Corso como “el mejor poeta de Norteamérica”, y en nuestro quinto coro, un Ginsberg imaginario llama a su vez a Jack Kerouac “Amable Rey Mental”. Ginsberg es sin duda el bautista del grupo; en los versos inconexos desfilan junto a su nombre  los de otras personas; unas son rastreables, otras no. Aparecen sabios escritores del pasado y también anónimos colaboradores culinarios de nula fama y fortuna. Frases incompletas, palabras en español mezcladas… y Chile.

Para este aparente desbarajuste me parece apropiada una deliciosa Jam Session acontecida en New Orleans, en 1958. “Mamie´s Blues”:

5o. Coro

No soy Gregory Corso
El Trovador Italiano –
De la Canción de Córcega –
Subioso Gregorio Corso –
El Obseso Rey del Hacer Versos
De la Calle Brattle
En calles de nieve
Tejió el espectáculo
Y preocupado en túneles
Y loco perro ladró

AMABLE REY MENTAL
Me llamó Allen Ginsberg

William Burroughs
Como William Lee

Samuel Johnson
Por debajo del mar

Rothridge Cole cortador
de Chiles
Es Numbro
Elabora

Si sabes que yo
p a l a b r a

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Jack Kerouac´s Mexico City Blues. 4o. Coro

Jack baja a la farmacia y compra algunos compuestos, que aislados pueden pasar como inocuos. Una vez en casa, después de subir las escaleras y con su amigo hablando aún como tarabilla, hace una mezcla con las sustancias y se la inyecta. Pletórico de conciencia toma un viejo disco de 78 revoluciones por minuto, de esos de baquelita que a los más jóvenes ya no les significan nada, y escoge  Jam Session de Benny Goodman para acompañar la velada mientras devora Chucrut (sauerkaut). La pluma llega nuevamente a su mano, y ésta comienza a dar piel a lo soñado…

4o. Coro

Roosevelt valía 6.7 millones de dólares
Estaba apretado

La rana espera
Hasta que la pobre mosca
Vuela por ahí
Y entonces la agarraron

El estanque de rocas cristalinas
Cubierto de espuma vegetal
Cubrió las rocas
Limpio el estanque
Cubrió la superficie tibia
Cubrió al loto
Empolvó la flor de sandía
Aéreo el Vagabundo sin prisa
limpia en forma extraña la claridad
del agua azul

Y ENTONCES LA AGARRARON

El Aceite de la Oliva
Melcochas agridulces
Calabaza agridulce
Sopa de Calabaza bien hecha
Sauerkraut puesto a trabajar
en un gran barril
Apestoso pero, en fin, bueno

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